Medicamentos biológicos: ¿Cómo garantizar su seguridad y eficacia?

El jueves 26 de abril tuvo lugar una Jornada de Actualización sobre Medicamentos Biológicos organizada por Pfizer Argentina de la que participó BaireSalud. Nadie duda del avance que representan estos nuevos fármacos para el mundo de la salud, aunque también surgen algunos interrogantes, sobre todo con respecto a los llamados medicamentos "biosimilares": ¿Son seguros? ¿Son eficaces? ¿Son realmente idénticos a las moléculas que copian?

Medicamentos biológicos: ¿Cómo garantizar su seguridad y eficacia?

¿Qué es un medicamento biológico?

Los medicamentos biológicos representaron un significativo adelanto para el tratamiento 
de afecciones como diabetes, artritis reumatoidea, psoriasis y otras. Se trata de moléculas de acción blanco-específica, producidas o extraídas a partir de organismos vivos, cuya producción fue posible gracias a los avances en biotecnología y biología 
molecular. No obstante, con los años, surgieron los llamados medicamentos ‘biosimilares’ (actualmente denominados ‘biológicos con antecedentes’), que imitan a los medicamentos originales, y sobre los cuales se despliegan numerosos interrogantes 
debido a que, a diferencia de las moléculas de síntesis química, los medicamentos biológicos o biotecnológicos no pueden ser ‘copiados’ en forma exacta, además de que la legislación local e internacional exige requisitos especiales para autorizar estos fármacos.

Seguridad y eficacia: biológicos vs biosimilares

Participaron de la conferencia de prensa de la Jornada de Actualización el Dr. Valderilio Azevedo, biotecnólogo, Prof. de reumatología del Departamento de Medicina Interna, Hospital de Clínicas, Universidad Federal de Paraná, Brasil y el Dr. Ignacio Maglio, abogado diplomado en Salud Pública, Jefe de la Sección Riesgo-Lega del Hospital 
Muñiz y Coordinador del Área de Promoción de Derechos de la Fundación Huésped. 

La principal conclusión de la Jornada de Actualización fue contundente: de acuerdo a la 
evidencia científica y a la legislación local e internacional, para garantizar la seguridad y la eficacia de estos medicamentos es preciso realizar estudios clínicos específicos. Además, en diversas partes del mundo se ha propuesto que las moléculas biosimilares tengan un nombre diferente a la molécula innovadora, dado que son 
distintas y no pueden considerarse copias. Es por eso que la denominación ‘biosimilares’ no es precisa, y se propone la categoría de ‘biológicos con antecedentes’.

Al respecto, Azevedo señaló que “el origen y proceso de elaboración de los medicamentos 
biotecnológicos es tan específico y complejo que normalmente se dice, en el caso de estos medicamentos, que «el proceso es el producto». Fármacos biológicos o biotecnológicos son producidos usando organismos vivos y técnicas de biología molecular”.

El científico, quien además es Coordinador del Foro Latinoamericano de biosimilares, destacó que: “Todos los medicamentos biotecnológicos consisten en moléculas de gran tamaño y de una enorme complejidad estructural, lo que hace que sean difíciles de reproducir y que su proceso productivo sea difícil de controlar”, por lo tanto, agregó, 
“los fármacos biológicos son diferentes de los medicamentos químicos convencionales, los cuales consisten en moléculas pequeñas y de estructura relativamente sencilla, fáciles de producir y replicar. Normalmente contienen como principio activo proteínas recombinantes o anticuerpos monoclonales. Además, el proceso de producción a escala industrial depende de complejas instalaciones y grandes inversiones”.

Para reforzar la diferencia entre biológicos y biosimilares, Azevedo dijo que "dos líneas celulares independientes usadas en la producción no pueden ser nunca consideradas idénticas", y explicó que los medicamentos denominados biosimilares “son 
en verdad, esencialmente, un intento de copia" y que "un cambio en el proceso de elaboración puede dar lugar a efectos indeseados" Para ejemplificar sus palabras, Azevedo recordo el caso de las "eritropoyetinas". Dicho caso fue registrado entre 1998 y 2001, cuando se observó una rara complicación en pacientes tratados con una 
eritropoyetina. El evento adverso coincidió con un mínimo cambio en la formulación del producto.

El proceso de elaboración también puede afectar el desempeño clínico de los productos bioterapéuticos, requiriéndose por ello algunos estudios clínicos para probar la seguridad y la eficacia. “Pequeñas diferencias entre las líneas celulares, en cualquier 
estadio del proceso de manufactura de las biomoléculas y también en la forma de administración a los pacientes, pueden provocar una gran diferencia en términos de efectos adversos (dos biosimilares pueden desencadenar diferentes respuestas inmunogénicas en los seres humanos)”, dijo Azevedo y agregó que, como consecuencia, “la 
sustitución entre biológicos (particularmente entre moléculas innovadoras y biosimilares) puede tener consecuencias clínicas y también generar problemas de salud pública”.

Sin embargo, el experto aclaró que “esto no significa que los biosimilares sean inseguros, ya que, de manera general, deben estar sujetos a un proceso de aprobación que requiere datos adicionales sustanciales con relación a aquellos exigidos para los genéricos por las autoridades regulatorias, principalmente estudios clínicos y un 
proyecto de farmacovigilancia desarrollado por el fabricante. Especialmente la aplicación segura de los biológicos innovadores y biosimilares depende del uso informado y apropiado por parte de los profesionales de la salud”.

Protección para el paciente

Con el fin de garantizar la seguridad del paciente, internacionalmente se expidieron nuevas normativas que regulan a los medicamentos biotecnológicos y a los biosimilares. Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como las agencias de regulación y control de medicamentos de los EE.UU. (FDA) y de Europa (EMEA) dictaron normas específicas y particulares para estos productos.

Sobre este tema, Maglio sostuvo que “en la Argentina, desde el año 2010 se comienzan a 
definir los productos de origen biológico, se establece que son más difíciles de caracterizar que los medicamentos de origen químico o sintético. La disposición es clara: establece que los procesos de elaboración son más complejos porque se trata de 
moléculas más pesadas. La norma establece que deben requerirse estudios especiales de toxicidad en animales, y que además de cumplir con las exigencias que se requieren para los medicamentos químicos tradicionales, se debe agregar información pre-clínica sobre, por ejemplo, la evaluación de contaminantes, impurezas, cuestiones de inmunogenicidad”.

En este sentido, Maglio citó la Disposición 7075/11 de ANMAT establece los requisitos y exigencias para el registro de especialidades medicinales de origen biológico, incluyendo hemoderivados, productos obtenidos por la vía del ADN recombinante, 
anticuerpos monoclonales, medicamentos biológicos obtenidos a partir de fluidos biológicos o de tejidos de origen animal y otros productos biológicos. "Indudablemente, este es un camino que ya estamos transitando, y que esperamos conduzca a una mayor seguridad para los pacientes”, dijo Maglio.

Un poco de historia

El primer medicamento biotecnológico que llegó al mercado fue la insulina humana, desarrollada inicialmente en 1978, a partir de la modificación 
genética de un plásmido y la transformación y expresión en una bacteria recombinante 
llamada Escherichia Coli. 

Para la décado de 1980, estas nuevas moléculas revolucionaron la forma con la cual los médicos trataban a sus pacientes, principalmente a aquellos que sufrían de enfermedades para las cuales no había tratamiento eficaz ni terapias disponibles.

Un ejemplo

Hasta hace pocos años, la Hormona de Crecimiento se obtenía a partir de reses de matadero o bien, en algunos casos, de cadáveres humanos (con grandes inconvenientes; por ejemplo, la transmisión inintencionada de enfermedad de Creutzfeldt-Jakob que causa demencia). La biotecnología ha permitido que, en la actualidad, la Hormona de Crecimiento se produzca en grandes cantidades a partir de bacterias recombinantes.

El Ministerio de Salud lanzó una campaña de comunicación integral para derribar los mitos que rodean al cáncer. Información, recursos y testimonios de personas que comparten su experiencia  en torno a una enfermedad que puede prevenirse, tratarse y muchas veces curarse.

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